The Observer parte de una premisa mínima: una nave alienígena, una tripulante y un universo que aún no se ha escrito. A partir de ahí, en Acid Drops decidimos llevar el concepto a un entorno visual completo, donde la narrativa se intuye en los detalles, la arquitectura y el ritmo de cámara. Este proyecto nació como una pieza experimental interna, pensada para explorar el potencial cinematográfico de los entornos generados en producción virtual, con un enfoque claramente orientado a cinemáticas de videojuego.